El cabecear en el fútbol, sigue generando controversia en los médicos

FIFA desestima consecuencias

El vínculo entre la demencia y los deportes de contacto saltó a la palestra cuando el médico patólogo nigeriano-estadounidense Bennet Omalu advirtió que los golpes en la cabeza que sufren los jugadores en el fútbol americano tienen graves consecuencias a largo plazo. El forense logró, en base a un largo estudio de cerebros de ex profesionales muertos, que la NFL reconociera a la encefalopatía traumática crónica (ETC) como un problema dentro del deporte más popular de los Estados Unidos.

 

La encefalopatía traumática crónica (ETC) ocurre como una consecuencia neurodegenerativa a largo plazo de una lesión cerebral traumática leve y repetitiva. Es decir que es la consecuencia de golpes no demasiado fuertes, pero constantes.

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El titulo de “asesino silencioso” que recibe la ETC es debido a la imposibilidad actual de lograr su detección a tiempo, ya que sus síntomas comienzan a notarse años después, cuando ya el daño es irreversible.

Las consecuencias de una ETC varían de un paciente a otro y con el tiempo empeora, en casos extremos puede llegar a generar todo tipo de enfermedades neurológicas como epilepsia, Parkinson, migrañas, Alzheimer o esclerosis múltiple, entre otras.

Uno de los estudios más interesantes fue publicado en la revista “Acta Neuropathologica” en febrero de 2017. Este trabajo fue realizado por expertos del Instituto de Neurología del University College London y financiado por The Drake Foundation. En el mismo se realizó un seguimiento desde 1980 hasta 2010 de 14 futbolistas retirados que tenían algún tipo de deterioro cognitivo progresivo desde los 63 años, tales como: dificultad para hablar, combinación de cambios de humor y comportamiento, pérdida de la memoria, disfunción ejecutiva, Párkinson o alteración de la marcha, entre otros.

La población de estudio, fueron hombres que se prestaron para ser estudiados, y cuyas identidades no fueron reveladas, todos jugaron en posiciones de mediocentro o centrodelantero durante su carrera, sólo uno había sido amateur, dos también habían practicado boxeo como aficionados y seis reconocieron haber sufrido al menos una conmoción cerebral en algún partido. Una docena de ellos ya se habían realizado alguna tomografía o resonancia magnética en las que se le había detectado atrofia cortical, un síndrome degenerativo poco frecuente del cerebro y del sistema nervioso.

Tras morir, los cerebros de seis de los 14 ex jugadores fueron donados por sus familias al Banco de Cerebros Queen Square para trastornos neurológicos, por lo que solamente a esos se les pudo realizar un examen cerebral post-morten. Los resultados no dejaron dudas: todos tenían anomalías septales, patologías de ECT y fenestración septal, una anomalía que “respalda antecedentes de impactos crónicos repetitivos” y en población no boxeadora suele encontrarse apenas entre un 3 y 6 por ciento. Aquí era del 100 por ciento.

FIFA lo desestima

Ante todo el aval de los estudios realizados, la FIFA asegura que no había “suficiente evidencia” de que acciones ocurridas dentro de los campos de fútbol ocasionaran enfermedades cerebrales. “Los resultados de estudios sobre futbolistas profesionales activos y ex jugadores en relación con la función cerebral no son concluyentes“, dijo un portavoz en un comunicado emitido el 16 de febrero de 2017, en el que agregó: “Afortunadamente, el fútbol no pertenece a los deportes de alto riesgo para lesiones cerebrales”.

La ciencia tampoco se siente muy segura de la relación. Al respecto, uno de los coautores de un conocido estudio, el profesor de neurociencia clínica y neurólogo Huw Morris en comentarios citados por un artículo del sitio del University College London declaró:

Todavía no sabemos exactamente qué causa la ETC en los futbolistas o qué tan significativo es el riesgo”, y aseguró que para tener una estudio concluyente, se necesita evaluar cientos de voluntarios para dirimir si los causantes sean los choques accidentales de cabezas entre futbolistas o los cabezazos a las pelotas.

Las lesiones graves en la cabeza en el fútbol son causadas más comúnmente por colisiones de jugadores que por cabecear el balón. El futbolista promedio cabecea el balón miles de veces a lo largo de su carrera, pero esto rara vez causa síntomas neurológicos notables. Ahora se necesitan más investigaciones urgentes para determinar los riesgos asociados con el fútbol para que se puedan tomar las medidas de protección necesarias para minimizar los posibles daños a largo plazo“, apostilló Huw Morris.

FIFA no muestra interés en realizar un investigación científica acerca de por qué muchos futbolistas sufren problemas neurológicos varios años después de haberse retirado, pese al reclamo de la propia federación de Inglaterra. En diciembre de 2020, la International Board (IFAB) anunció que implementó cambios suplementarios durante los partidos en caso de sospecha de un caso de conmoción tras un golpe en la cabeza. Esta nueva norma, que busca evitar que alguien con un golpe fuerte en el cráneo vuelva a saltar al campo de juego, comenzó a regir este mes, pero aún debe ser adecuada por las confederaciones y asociaciones miembro. Pese a ser un logro aun se necesita seguir avanzando.

Datos

  • Venezuela no cuenta con ninguna investigación sobre el ETC y el futbol.
  • Muy pocos países llevan un registro de los ex-jugadores afectados por el ETC.
  • Estados Unidos fue pionero en prohibir los remates de cabeza para menores de 10 años.
  • Las asociaciones de fútbol de Inglaterra, Escocia e Irlanda del Norte han implementado nuevas directrices para evitar posibles enfermedades cerebrales que puedan sufrir a la larga sus jóvenes por golpear el balón con la cabeza.

 

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Gráfica: Visionnoventa (Peggy Holod)

@rosmelcardenas

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